Aportes para la militancia: Método de trabajo, estrategias y construcción de un programa revolucionario

“En general, la conducción de muchas personas
es igual a la conducción de pocas.
Se trata de una cuestión de organización”.
Sun Tzu, “El arte de la guerra”.

“Quien carece de claridad en sus objetivos
es incapaz de responder al enemigo”.
Sun Tzu, “El arte de la guerra”.

La organización en la la lucha de clases

Como Izquierda Libertaria pretendemos aportar a las luchas de la clase trabajadora, y dinamizar dichas experiencias con los métodos de la democracia de base y la acción directa, llevarlas hasta el máximo posible dependiendo la coyuntura, y aportar a su más acabada asimilación por parte de las masas en forma de conciencia y organización. Nuestro norte político: la revolución social que destruya las relaciones capitalistas y estatales e instaure una nueva sociedad, comunista y libertaria.

La sociedad capitalista es una sociedad dividida en dos clases en constante puja. Es literalmente una guerra de clases, entendiendo por guerra, tal como plantean autores de la sociología, como un estado de hostilidad permanente entre dos sectores, que se manifiesta tanto en batallas concretas como esporádicas. En el caso de nuestra sociedad, los dos sectores sociales, burguesía y proletariado, se encuentran enfrentados en sus intereses históricos antagónicos (más allá de sus intereses inmediatos, que muchas veces son producto de la falta de conciencia para sí de la clase trabajadora). No queremos decir con esto que hay un “espíritu” socialista metafísico dentro de la clase trabajadora, que la llevaría inevitablemente al socialismo. A lo que nos referimos es que ambas clases, por los intereses sociales que representan en sus prácticas cotidianas (aumentar la ganancia por un lado, y ser menos explotados/vivir en mejor condiciones por el otro, por ejemplo), necesariamente están enfrentados en una guerra por objetivos antagónicos e imposible de ser consensuados plenamente. Nuestro objetivo es tomar partido por uno los sectores en pugna, el proletariado, y agudizar esta guerra de clases en pos de llevarla a una etapa revolucionaria.

Esto sin embargo, como ha demostrado la historia, es imposible si no nos organizamos correctamente. El recorrido de más de 100 años de luchas de los trabajadores demuestran que los libertarios, si no nos dotamos de una estructura organizativa correcta, acorde a las necesidades de ser pilares centrales de la lucha de clases, seremos desplazados por las corrientes autoritarias o reformistas (en muchos casos sinónimos), que llevarán hacia la muerte al proceso revolucionario. De allí la necesidad de que, si pretendemos ser un polo militante que oriente a las masas por un camino determinado, discutamos y perfeccionemos nuestras formas organizativas.

Organización y método de trabajo

Tal como planteamos al comienzo, un elemento esencial para la militancia organizada es un método de trabajo. Este método consiste en una correcta división de tareas para los militantes. Dichas tareas se asignan de forma sistemática, de acuerdo a las necesidades concretas de la organización (necesidades tanto estructurales como coyunturales), a los perfiles de cada compañero, etc. El método de trabajo garantiza que todas las tareas que la organización requiere estén cubiertas de antemano, sin dejar nada librado al azar o al mero voluntarismo. A diferencia del leninismo, cuyas estructuras son conscientemente verticales, nosotros definimos nuestro método de trabajo para que cada compañero sea plenamente partícipe de las definiciones estratégicas que se toman. La organización requiere de un método de trabajo general, así como uno particular para cada núcleo.

Desde ya que el método de trabajo sólo puede servir si se lo milita. Allí es donde juega un rol esencial la disciplina y el compromiso revolucionario de cada compañero. A su vez, un método de trabajo sólo tiene sentido si se lo enmarca en unos objetivos claros, que nos marquen a dónde queremos llegar. Si no tenemos esto bien definido, el método de trabajo no tiene sentido. Nos organizamos de determinada forma y no de otra, justamente porque tenemos objetivos específicos para alcanzar. Es así que, para profundizar la cuestión de la organización y método de trabajo, pasamos a ver el tema de las estrategias.

La cuestión de las estrategias políticas

Una militancia revolucionaria sin un norte político claro no es más que un juego de niños o una aventura pequeñoburguesa. Si no nos dotamos de un plan eficaz para conseguir nuestros objetivos (tanto en corto como mediano y largo plazo), seremos incapaces de orientar a las masas en las luchas que estas emprendan contra el Estado y el Capital. La estrategia política se define como ese mapa de guerra. Contiene una lectura de dónde estamos parados, a dónde queremos llegar, y todos los pasos concretos (llamados “tácticas”), que debemos realizar para lograr nuestro objetivo. La estrategia política debe ser la guía de todo lo que hacemos. De lo contrario se cae en el espontaneísmo o el “hacer por hacer”, que no sólo no conducen a nada, sino que anulan la construcción política seria.

Consideramos indispensable la construcción de estrategias acordes a la etapa. Como consejo para construir una estrategia se plantea:

- Evaluar el terreno estableciendo cuáles son nuestras fuerzas (cantidad de compañeros, formación, logistica, capacidad de intervención), nuestros rivales (cuáles son las fuerzas con las que cuentan las otras corrientes políticas) y nuestros enemigos (la fuerza con la que cuentan las autoridades, las corrientes de derecha, la clase dominante, el gobierno).

- Delimitar un norte político (a dónde queremos llegar: por ejemplo, queremos conseguir un aumento de salario, mayor presupuesto para estudiar, etc.). Este norte puede tener etapas: norte a corto plazo (referenciarnos, sumar militantes, tener periferia, avanzar en alianzas, etc.), para luego ir a un norte a mediano plazo (ganar comisiones internas o centros de estudiantes, hegemonizar tal o cual espacio de masas, etc.) que nos permita avanzar a nuestro norte a largo plazo (construir un movimiento de masas que cuestione el capitalismo y ponga en jaque la hegemonía de la clase dominante, por ejemplo).

- Planificar las tácticas a las cuales podemos recurrir para avanzar en nuestra estrategia. Por ejemplo, si queremos en corto plazo referenciarnos o sumar militantes, podemos evaluar cuál táctica es mejor: pegar duro o ser más tranquilos en las asambleas, sacar más volantes o pegar más afiches, hacer una actividad sobre tal tema, llevar más banderas a las marchas, etc. Por ejemplo: si queremos en mediano plazo ganar una comisión interna, deberemos discutir si tácticamente nos conviene ir con tal fuerza o solos, cuales deberán ser las consignas reivindicativas centrales, de qué forma interpelar en los debates, etc. Si queremos en largo plazo voltear al gobierno tendremos que ver cuál táctica es mejor: insurrección o guerra popular y prolonganda, por ejemplo.

En concreto, las tácticas sólo tienen sentido si se las enmarca en una estrategia concreta, evaluada sobre la base de cuáles son nuestras necesidades y capacidades. A su vez, la totalidad de las estrategias deben estar guiadas por la construcción del programa, como guía máxima de todo nuestro recorrido político, desde el presente hasta la futura revolución social.

El programa revolucionario

Acorde a lo planteado anteriormente, se deduce que nuestra militancia revolucionaria tiene un norte político, la revolución social, que sólo puede ser alcanzado si tenemos una estrategia finalista a largo plazo, que contenga todo el resto de las estrategias. Esta estrategia global que nos lleva desde el hoy hasta el socialismo es el programa revolucionario.

Sobre la base de una concepción materialista, el programa se construye a través de la inserción de nuestra organización en el seno de la lucha de clases, extrayendo las conclusiones más acabadas y sistematizándolas de forma programática. Descartamos por ende cualquier concepción idealista en la cual el programa sale de la cabeza de un grupo de genios o iluminados, al mismo tiempo que cualquier idea del programa como algo cosificado y construido para toda la eternidad (lo que sucede con el trotskismo y su “Programa de transición”). El norte histórico del proletariado es el comunismo, pero las estrategias y tácticas a las cuales debe recurrir no pueden ser definidas de antemano y para siempre. Decimos entonces que el programa se construye en la práctica. El Capitalismo sigue siendo el sistema en el cual se mueven los revolucionarios y la clase obrera, pero las etapas y las coyunturas cambian, y nuestra edificación programática debe tenerlo en cuenta para poder avanzar. A su vez, descartamos cualquier concepción ultravanguardista del programa y la organización, en la cual el programa lo hacemos nosotros solos mientras las masas esperan pasivas a que les llevemos la verdad revelada. Por el contrario, nosotros no nos insertamos en las masas para llevar nada ya cocinado, sino que es entre ellas, en el seno de la lucha de clases, de dónde podremos extraer junto a nuestros compañeros, las conclusiones que llevaran a la estructuración de un programa revolucionario. Nuestro rol como izquierda libertaria es realizar nuestro aporte a dicha construcción.

Un programa libertario en Argentina debe tomar en cuenta, por ejemplo, la forma en la que se estructura la correlación de fuerzas entre el Capital y los trabajadores en la etapa “neoliberal” actual, las reivindicaciones económicas y democráticas centrales para interpelar a las masas, los polos económicos estratégicos para la construcción del socialismo, las características de un movimiento estudiantil que empalme con la clase trabajadora (el sujeto revolucionario ineludible), las distintas fracciones de clase a interpelar (tomando por ejemplo la importancia que han demostrado en su momento los sectores desocupados). Dentro de esta visión general de la estructura y la etapa deberían entrar todas las tareas en corto, mediano y largo plazo que deberemos recorrer para alcanzar nuestra meta, que es la revolución y la construcción del socialismo.

Como premisa, la construcción programática no puede ser separada de la necesidad de nacionalización de nuestra corriente, puesto que esta es la única que nos dotará de una visión sistémica de las condiciones objetivas en todo el país. Desde ya que el esfuerzo es grande, pero así también lo vienen siendo nuestros pasos en estos años. Este texto, así como otros que publicamos y seguiremos publicando en el corto plazo, tiene como objetivo nutrir a cada uno de nuestros compañeros, de las herramientas para la militancia, puesto que como planteó Néstor Makhnó: “No está lejos el día en que seamos llamados nuevamente a tomar parte activa en estos eventos. Si respondemos a esta llamada, nuevamente, sin primero habernos equipado de una organización adecuada, aún seremos impotentes de evitar que los eventos sean succionados por la vorágine de los sistemas estatistas”. Si estamos correctamente preparados para el combate, ¡venceremos!

Julián “Cuervo” Casas

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